Hace poco terminé el Máster en Sexualidad y Terapia de Pareja en la Universitat de Barcelona, y todavía estoy procesando todo lo que movió en mí.
No solo a nivel personal, sino también en la manera en que entiendo las relaciones, el cambio y el liderazgo.
Podría hablar de teorías, modelos o técnicas.
Pero lo que más me transformó fue la manera de mirar los problemas.
Y, sobre todo, la forma de acompañar a las personas.
1. La mirada sistémica
El primer gran cambio fue dejar de mirar los problemas dentro de las personas, y empezar a verlos entre las personas.
El MSTP me enseñó que lo que llamamos “problema” casi nunca es algo interno.
Es una dinámica relacional que genera malestar.
Una secuencia circular donde alguien empuja, otro se retrae, uno sostiene, el otro se agota.
Cuando miras desde ahí, el foco deja de ser la corrección individual y se convierte en reorganizar la relación.
En el mundo organizacional ocurre igual.
Un conflicto entre áreas, un equipo bloqueado, un liderazgo que no fluye…
casi nunca dependen de una sola persona.
Son patrones relacionales que, al modificarse, abren espacio para que algo nuevo emerja.
No se trata de encontrar culpables, sino de observar la danza.
Ver cómo se organiza, y ayudar a que encuentre otro ritmo.
2. El cambio y la identidad
Otra cosa que el máster me enseñó es que todo cambio toca la identidad.
Cada vez que una persona o una organización cambia, una parte de su historia necesita transformarse.
Y esa parte —inevitablemente— siente miedo.
No porque se resista. Sino porque intenta proteger la continuidad de lo que fue.
En las empresas lo llaman “resistencia al cambio”.
Yo lo veo como lealtad a la identidad.
Un intento de cuidar la coherencia entre lo que fuimos y lo que estamos aprendiendo a ser.
El crecimiento, aunque suene poético, siempre implica un pequeño duelo.
Hay que soltar una versión de nosotros para dejar espacio a la nueva.
Y cuando ese proceso se acompaña con respeto, deja de dar miedo y se convierte en evolución.
3. Las herramientas narrativas
El MSTP también me devolvió algo que a veces se pierde en los entornos profesionales: la profundidad expresada en poesía.
Aprendí que la mejor manera de acercarse al mundo de una persona no es con diagnósticos,
sino con metáforas.
Con lenguaje.
Con preguntas que abren nuevas posibilidades.
La externalización permite conversar con el problema en lugar de pelear con él.
El re-membering devuelve a la historia las voces que habían quedado fuera.
Y las preguntas circulares nos permiten mirar desde varios ángulos al mismo tiempo.
Estas herramientas me enseñaron que el cambio empieza por la forma en que nos contamos lo que nos pasa.
Una palabra puede ser una puerta,
una pregunta puede ser un espejo,
y una metáfora, una llave.
4. Cómo transformó mi forma de acompañar líderes
Hoy acompaño a directivos y profesionales desde esa nueva mirada.
Observo cómo se mueve el sistema, cómo se protege, y cómo puede volver a fluir con más conciencia y propósito.
Trabajo con personas que quieren crecer, sí, pero también sentirse en paz con su crecimiento.
Que buscan resultados, pero sin perder coherencia entre mente, emoción y vínculo.
Porque liderar —igual que amar— no va de controlarlo todo.
Va de aprender a estar en relación con lo vivo.
Con lo que cambia.
Con lo que duele.
Con lo que todavía busca forma.
Cierro este ciclo con gratitud
Gracias a la Universitat de Barcelona, a mis profesores y compañeros de viaje, por dos años de aprendizaje y transformación compartida.
El MSTP no solo me enseñó sobre vínculos o terapia.
Me enseñó una forma más humana, circular y consciente de mirar el mundo.
Y eso cambió, para siempre, la manera en que acompaño a líderes, equipos y organizaciones.
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